20 de diciembre de 2011

De Noches Buenas y Navidades.

LOS MEDINA.
     Ellos llegaban unos días antes que nosotros, eran los primos del DF que solo veíamos una vez al año, pero que no se requería mas para que la química, el cariño y empatía brotaran a raudales en cuanto nos saludábamos.  A los cinco minutos estábamos corriendo por toda la casa de mis abuelos. Eran nuestros primos segundos.

     La sala de mis abuelos era enorme… ¡y no cabíamos en ella! Tenías que andar esquivando obstáculos, no fuera que pisaras uno de los miles de regalos que estaban a los pies del arbolito. Bueno, seguramente  no eran miles, pero era un enorme y maravilloso tiradero de regalos.  El perímetro del arbolito de Navidad era inmenso.

     -¡A cenar! –Gritaba un adulto.

     -¡Primero los regalos! –Gritábamos todos los niños.

     ¿Quién ganaba?... Ahí  nos tenían a unos ocho niños embuchándose de prisa el seco pavo, el agradable espagueti, el ponche y la deliciosa ensalada de manzana con crema endulzada. Deben de saber que a mí desde chiquito, el pecado de la gula en festividades, me preocupa tanto como si Rodolfo el reno pisara una hormiga.

     -¡Ya acabamos! ¿¡Podemos abrir los regalos!?

     -¡No! Esperen a que todos acabemos y nos sentemos en la sala.

     ¡Y la espera era eterna! Que el ponchecito, que el cigarrito… los adultos lo llaman (ahora llamamos) sobremesa. ¡Ashhhhh! Y como no teníamos Wii porque no había, nos íbamos a las cocheras a jugar. Sí había Ping Pong, pero mis padres decidieron que no era una buena maquina para nosotros y nunca nos la compraron, era enajenante dijeron. Por fin se paraban hartos de nuestras suplicas de cada cinco minutos en lo que jugábamos en las cocheras y regresábamos.

     -¡De abuelita para Rafita!

      Y bueno, lo mío era gula hasta para abrir los regalos. ¿La mejor Navidad de mi vida? Cuando me regalaron ¡tres balones de fútbol! Después era acabarnos las rodillas jugando partiditos toda la semana.

     También añoro al tío Miguel despierto desde temprano, matamoscas en mano, acabando con cuanto bicho se encontraba en los ventanales de la cocina. A su esposa, la tía Titina, que debido a una embolia no media sus fuerzas y nos daba unos abrazos llenos de amor pero que nos dejaba el cuello adolorido… Ella fue reina de la feria de San Marcos. A mi inseparable primo Carlos… Los tres ya están en la otra dimensión.

     Años después, el Niño Dios nos trajo unos infumables Sleeping Bag en la mañana, cuando le habíamos pedido un rifle de postas. Ese fue el día que me entere sabe de qué del Niño Dios y… Adiós las mañanas del 25 de diciembre.



LOS ARELLANO.

     Tuve a la mejor abuelita del mundo y de la historia. Así la veía yo. Mi abuelita Chabela. Delgadita, chiquita, cabello completamente blanco y sonriente, siempre sonriente.  Era la aglutinadora. Siempre hubo una pugna para ser el más querido de ella; no recuerdo quien ganaba en eso, pero creo que era mi hermano Alejandro.

     Las Navidades las pasábamos en casa de mi tía Chabela rodeados de primos hermanos. Haciendo cuentas, éramos once, casi todos de la misma edad. Esa casa también fue entrañable. Chavelita y Ramón eran los anfitriones siempre y nunca defraudaron. Allí era más convivio que regalos: buñuelos recién hechos allí y el infaltable olor a ponche por toda la casa. Mi papá era feliz allí por que era el consentido de todos. Las navidades en esa casa eran maravillosas, y nunca me he cansado de decírselo a mis tíos. Ahora creo que soy yo el consentido de todos… creo.



     La Noche Buena de 1989 (tengo que contarlo porque pasó en esa fecha), uno de mis hermanos y yo, quedamos de juntarnos  con unos amigos después de terminado el festejo. Nos juntaríamos en un terreno de uno de ellos. Yo le había regalado a mi papá una bata de baño blanca con rayas verdes, la traía puesta cuando nos despidió esa noche.

     -Venga chavos –nos dijo–, échense esa liebre (así dicen los cazadores) y regresen lo mas temprano que puedan. Hasta mañana.

     Esas fueron las ultimas palabras que le oí, a la mañana siguiente se iría de este mundo a acompañar a Dios.
Aun yo tengo la bata conmigo.


¡FELICIDADES Y BENDICIONES EN ESTA NAVIDAD!


4 comentarios:

  1. Recuerdos imborrables que nos llenan el espíritu de alegría, de paz y de nostalgia...recordar es vivir!!! saludos a la familia FELICIDADES!!!.

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  2. Rafa que bonitos relatos !!, sobre todo lo del recuerdo de tu Papa !!

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  3. Muy y muchos recuerdos increibles de esas noches de noche buena, la espera eterna que los adultos no parecen entender, pero que bien vale la pena, solo por este tipo de recuerdos y estar del otro lado hace que valga la pena hacerlos esperar :)
    Que padre tambien, que tengas todos esos recuerdos de tu Papa, que no olvides lo importanre que es esa bata ahi contigo.
    Ole !!!

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  4. Felicidades Rafa! Me hiciste recordar mis propias Navidades y con aquellos que ya no estan en mi familia. Hermoso relato amigo, como siempre! Recibe un abrazo!

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